El 29 de septiembre, a partir de las 20:30 de la noche, los señores Mercuriales comienzan a llegar al Fogón de Leña. Por allí aparecen Fernando Moral, José Manuel Gómez, Antonio Rivero Taravillo (que se estrena como contertulio), Alonso Coca, Jesús Cotta, José María Jurado, Alejandro Muñoz y el que suscribe, Juan Antonio González. Excusan su presencia Ramón Simón (por enfermedad familiar), José Miguel Ridao (motivos laborales), Aurora Pimentel (por la realización de un máster en Granada), Toi del Junco y Julio Ariza (por "jodienda bucal", excusa que dio lugar a diversas interpretaciones que, en aras del decoro, no serán publicadas). Al resto de los contertulios que no aparece se les anota la correspondiente falta sin justificar.
La velada es marco propicio para charlar sobre los temas más dispares. Tal vez los más exóticos fueron los momentos dedicados a hablar de los mamporreros electrónicos (alguien alude a la cría en cautividad del lince ibérico, cuyos machos son estimulados con electrodos) o a las desventuras del Potro de Vallecas y su paso por el mundo del porno.
El señor mantenedor, don José Manuel Gómez, propone un reto literario para los Mercuriales. Acordándose de unas palabras del fotógrafo del libro La Sevilla erótica, propone que todos escribamos un texto que comience o finalice con la frase "El mundo me aterra".
Jesús Cotta (cuyo aumento de biceps no fue tan visible como esperábamos) anuncia que el día 2 de octubre, festividad de los Ángeles, dejará de fumar.
Teniendo como contertulio a Antonio Rivero Taravillo, no pudimos menos que dedicar algunos minutos de charla al mundo anglosajón, a los celtas, gaélicos y demás convecinos. Fue en el fragor de la conversación cuando Fernando comentó la etimología británica de las islas Malvinas, o las (con perdón) "Islas de follar", dada la pronunciación británica (las fucklands). Se propuso este nombre como apelativo alternativo de la Isla de Siltolá.
Diversas anécdotas fueron apareciendo por la mesa, al tiempo que los ibéricos, carpaccios y carnes variadas. Así, José María Jurado se refirió a la invitación que don Pedro I el Cruel realizó a uno de sus soldados de confianza. Según costumbre de la época, los varones solían beber del agua donde se habían bañado las damas de la corte. A uno de sus soldados le propuso beber el algua de los Baños de doña María, en el Alcázar, mientras se bañaba la reina. El invitado objetó: "Majestad, no lo haré, vaya a ser que si me gusta la salsa, se me antoje la perdiz".
José Manuel Gómez comentó el que, probablemente, sea el intercambio epistolar más breve de la historia. Tras mandar Víctor Hugo el manuscrito de Los miserables a su editor y no obtener respuesta en varias semanas, le mandó una carta con este texto: "?". El editor le contestó con este otro: "!".
Otras anécdotas protagonizadas por Churchill o Valle-Inclán fueron referidas a continuación. No faltaron las ocurridas a los propios Mercuriales, como cuando Jesús Cotta comentó que Antonio Gala, en una ocasión, le había tocado el hombro mientras hacía pis.
Contrariamente a lo que cabría pensar, dado el historial de los Mercuriales, se habló mucho de literatura. Comentarios acerca de Pedro Sevilla, Eloy Sánchez Rosillo, Rafael Adolfo Téllez, Juan Goytisolo o Pepe Hierro fueron amenizando la noche. También fue un auténtico privilegio escuchar en persona a Antonio Rivero hablar de Cernuda. Fue Antonio, dado un comrpomiso ineludible al día siguiente en la feria Liber de Barcelona, el primero en abandonar la cena, repitiendo las famosas palabras del general MacArthur: "Volveré".
Comenzó entonces el turno de lecturas, si bien cuando todo estaba ya dispuesto, la sombra de Marilyn Monroe nos distrajo unos minutos (y una leve polémica acerca de las preferencias de cada cual entre la Monroe o Grace Kelly). Con todo, el mantenedor fue capaz de concitar la atención de los asistentes al sacar un volumen casi centenario (no huele como un ebook, comentó Fernando) y nos leyó dos artículos de Benavente, de una desacostumbrada lucidez. Al hilo, comentamos cuántas veces un prejuicio nos lleva a despreciar a ciertos autores que merecen un reconocimiento mayor.
Fernando Moral leyó a continuación una carta de James Joyce a su entonces novia Nora, de una crudeza extraordinaria. Se comentó también hasta qué punto es lícito airear la correspondencia íntima de los autores. A continuación, leyó algunos poemas propios.
José María Jurado leyó tres poemas en prosa, dedicados a Yeats, san Gabriel y Carlos Gardel. Nos anunció, asimismo, la inminente presentación de su poemario La memoria frágil en la Casa del libro de Sevilla.
Me tocó el turno y leí tres poemas, uno de los cuales es probable que aparezca próximamente en mi blog, según anuncié allí mismo.
Continuó Jesús Cotta que, en papel reciclado (con apuntes de Griego en el anverso), llevaba una colección de poemas que recitó y fueron comentados, entre sugerencias y, sobre todo, felicitaciones.
Dadas las dificultades de algunos contertulios para conciliar el horario laboral con el mercurial, con vistas a próximas tertulias, se acordó que para esta temporada iremos rotando el día de reunión entre lunes, miércoles y viernes. En esta línea, comenté que el día anterior, en la presentación de la Macedonia de rutas de Taravillo, Antonio Serrano Cueto había manifestado su deseo de asistir desde Cádiz a una cena mercurial. Comoquiera que José Manuel Benítez Ariza había comentado lo mismo tiempo atrás, consideramos que una de las próximas reuniones se hará en viernes para poder contar con ambos, ya que A.S.C afirmó que ambos podrían venir juntos.
Quedó pendiente de determinar el día exacto de la próxima tertulia, que se fijará una vez se cierre la fecha definitiva de la entrega de los Mercuriales de Plata, cuando fructifiquen las gestiones que el señor mantenedor está realizando.
Muchas otras anécdotas podrían referirse, pero el decoro vuelve a imponerse, así que no diremos quién se definió a sí mismo como falómano.
Tras el copago de la cena, los señores Mercuriales fueron despidiéndose, recordando a los ausentes y felicitándose por haber concluido una de las tertulias más literarias que se recuerdan en los últimos tiempos.
Pasaba la medianoche. Era ya 30 de septiembre. La huelga había terminado. Mercurió nos guió de vuelta a casa.
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La velada es marco propicio para charlar sobre los temas más dispares. Tal vez los más exóticos fueron los momentos dedicados a hablar de los mamporreros electrónicos (alguien alude a la cría en cautividad del lince ibérico, cuyos machos son estimulados con electrodos) o a las desventuras del Potro de Vallecas y su paso por el mundo del porno.
El señor mantenedor, don José Manuel Gómez, propone un reto literario para los Mercuriales. Acordándose de unas palabras del fotógrafo del libro La Sevilla erótica, propone que todos escribamos un texto que comience o finalice con la frase "El mundo me aterra".
Jesús Cotta (cuyo aumento de biceps no fue tan visible como esperábamos) anuncia que el día 2 de octubre, festividad de los Ángeles, dejará de fumar.
Teniendo como contertulio a Antonio Rivero Taravillo, no pudimos menos que dedicar algunos minutos de charla al mundo anglosajón, a los celtas, gaélicos y demás convecinos. Fue en el fragor de la conversación cuando Fernando comentó la etimología británica de las islas Malvinas, o las (con perdón) "Islas de follar", dada la pronunciación británica (las fucklands). Se propuso este nombre como apelativo alternativo de la Isla de Siltolá.
Diversas anécdotas fueron apareciendo por la mesa, al tiempo que los ibéricos, carpaccios y carnes variadas. Así, José María Jurado se refirió a la invitación que don Pedro I el Cruel realizó a uno de sus soldados de confianza. Según costumbre de la época, los varones solían beber del agua donde se habían bañado las damas de la corte. A uno de sus soldados le propuso beber el algua de los Baños de doña María, en el Alcázar, mientras se bañaba la reina. El invitado objetó: "Majestad, no lo haré, vaya a ser que si me gusta la salsa, se me antoje la perdiz".
José Manuel Gómez comentó el que, probablemente, sea el intercambio epistolar más breve de la historia. Tras mandar Víctor Hugo el manuscrito de Los miserables a su editor y no obtener respuesta en varias semanas, le mandó una carta con este texto: "?". El editor le contestó con este otro: "!".
Otras anécdotas protagonizadas por Churchill o Valle-Inclán fueron referidas a continuación. No faltaron las ocurridas a los propios Mercuriales, como cuando Jesús Cotta comentó que Antonio Gala, en una ocasión, le había tocado el hombro mientras hacía pis.
Contrariamente a lo que cabría pensar, dado el historial de los Mercuriales, se habló mucho de literatura. Comentarios acerca de Pedro Sevilla, Eloy Sánchez Rosillo, Rafael Adolfo Téllez, Juan Goytisolo o Pepe Hierro fueron amenizando la noche. También fue un auténtico privilegio escuchar en persona a Antonio Rivero hablar de Cernuda. Fue Antonio, dado un comrpomiso ineludible al día siguiente en la feria Liber de Barcelona, el primero en abandonar la cena, repitiendo las famosas palabras del general MacArthur: "Volveré".
Comenzó entonces el turno de lecturas, si bien cuando todo estaba ya dispuesto, la sombra de Marilyn Monroe nos distrajo unos minutos (y una leve polémica acerca de las preferencias de cada cual entre la Monroe o Grace Kelly). Con todo, el mantenedor fue capaz de concitar la atención de los asistentes al sacar un volumen casi centenario (no huele como un ebook, comentó Fernando) y nos leyó dos artículos de Benavente, de una desacostumbrada lucidez. Al hilo, comentamos cuántas veces un prejuicio nos lleva a despreciar a ciertos autores que merecen un reconocimiento mayor.
Fernando Moral leyó a continuación una carta de James Joyce a su entonces novia Nora, de una crudeza extraordinaria. Se comentó también hasta qué punto es lícito airear la correspondencia íntima de los autores. A continuación, leyó algunos poemas propios.
José María Jurado leyó tres poemas en prosa, dedicados a Yeats, san Gabriel y Carlos Gardel. Nos anunció, asimismo, la inminente presentación de su poemario La memoria frágil en la Casa del libro de Sevilla.
Me tocó el turno y leí tres poemas, uno de los cuales es probable que aparezca próximamente en mi blog, según anuncié allí mismo.
Continuó Jesús Cotta que, en papel reciclado (con apuntes de Griego en el anverso), llevaba una colección de poemas que recitó y fueron comentados, entre sugerencias y, sobre todo, felicitaciones.
Dadas las dificultades de algunos contertulios para conciliar el horario laboral con el mercurial, con vistas a próximas tertulias, se acordó que para esta temporada iremos rotando el día de reunión entre lunes, miércoles y viernes. En esta línea, comenté que el día anterior, en la presentación de la Macedonia de rutas de Taravillo, Antonio Serrano Cueto había manifestado su deseo de asistir desde Cádiz a una cena mercurial. Comoquiera que José Manuel Benítez Ariza había comentado lo mismo tiempo atrás, consideramos que una de las próximas reuniones se hará en viernes para poder contar con ambos, ya que A.S.C afirmó que ambos podrían venir juntos.
Quedó pendiente de determinar el día exacto de la próxima tertulia, que se fijará una vez se cierre la fecha definitiva de la entrega de los Mercuriales de Plata, cuando fructifiquen las gestiones que el señor mantenedor está realizando.
Muchas otras anécdotas podrían referirse, pero el decoro vuelve a imponerse, así que no diremos quién se definió a sí mismo como falómano.
Tras el copago de la cena, los señores Mercuriales fueron despidiéndose, recordando a los ausentes y felicitándose por haber concluido una de las tertulias más literarias que se recuerdan en los últimos tiempos.
Pasaba la medianoche. Era ya 30 de septiembre. La huelga había terminado. Mercurió nos guió de vuelta a casa.
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